
Claudio Edgar Benetti: este es auténticamente el modelo ideal de juvenil de Voka. Negro, del interior y fracasado por donde se lo mire. Lo cierto es que no sólo es el ejemplo de la pobreza que sugieren generalmente las inferiores de la bosta, sino que también es el protagonista de una historia, que fue muchas veces contada, y que luego fue copiada por otro jugador, pero diez años después.
Este nefasto volante nacido el 16 de febrero de 1971 en Córdoba, arrancó jugando en su ciudad natal, más precisamente en General Paz Juniors. El primer destello de vergüenza, de una carrera con las mismas características, es que el club destaca entre sus "recuerdos de gloria" que fue una "cuna de grandes jugadores a nivel nacional e internacional". Y en esa lista de "estrellas" se encuentra nuestro personaje...
Como otras historias de típicos soñadores recaídos en la capital de nuestro país, buscando cumplir sus sueños y llegados desde el interior, Benetti a los 14 años, y a poco tiempo de que se separaron sus padres, cayó en el barrio de la Voka para unirse a los juveniles del club y probar suerte, palabra que sólo se insinuaría en su vida, pero que nunca llegaría.
En el año 92, Oscar Washington Tabárez decidió hacerlo debutar en primera, más precisamente el 18 de julio frente a Gimnasia y Esgrima de La Plata. Y por supuesto...Voka perdió 1 a 0.
En la bosta jugó 9 partidos oficiales y uno más como suplente, en esas copuchas que disputó por esa época, ya que figura como internacional. Fue al banco frente al San Pablo, en la pésima Copa de Oro de 1993. Incluso jugó un Voka - River, que terminó igualado sin goles, y en el que los hinchas y el, por ese entonces entrenador de la bosta Jorge "no me conoce ni mi vieja" Habegger, lo elogió.
"Tuve varios partidos buenos, incluso contra Talleres: ganamos 3-1 y los dos delanteros eran Tejera y Tréllez" tiró el "crack".
Pero el motivo principal de su "estrellato", de ser reconocido por algún que otro hincha de fútbol, y de encontrarse en esta sección, es por que el 20 de diciembre del año de su debut, tuvo sus 15
segundos de fama. Ese día, Claudio tenía 21 años e ingresó por José Luis Villarreal.. La bosta perdía con San Martín de Tucumán, hasta que llegó el momento nombrado: "Nunca olvido ese momento -asegura-. Giunta peleó una pelota en el medio y me la tocó. Pude eliminar a Chazarreta y Onaindia. Y rematé con alma y vida. No sé si fue un gran gol, pero sirvió para darle alegría al pueblo de Voka." Y ya es una imagen clásica para todo futbolero. El grasa con esa colita de caballo al estilo Jorge Comas (otro grasa que impuso esa moda) o Antonio Barijho (el rey de los grasas) subido al alambrado y llorando sin poder creer la boludés que hizo: un gol. Ese fue su momento de fama, cosa que le duraría muy poquito tiempo.
"Lástima que no pude disfrutar tanto -recuerda-. porque un pelotazo de Oscar Acosta me golpeó la cabeza y me dejó muy mareado. Lo único que recuerdo es que al final del partido me alzaban y me movían, pero yo no sabía por qué. Me desperté en un hospital y mis familiares me felicitaron por la vuelta olímpica. Nunca supe que la había dado. Recién al otro día entendí que Voka había salido campeón por mi gol."
Al otro día del "milagro", Benetti fue invitado a un lugar en donde quedaba más desubicado que chupete en el culo: a "Almorzando con Mirtha Legrand". Seguramente la señora lo debe haber confundido con un basurero.
Y claro, el golcito no iba a durar demasiado. Así fue como comenzó a quedar en segundo plano, y a no ser tenido en cuenta por ningún entrenador. No se sabe como, se mantuvo en Voka hasta el año 96, donde un tipo que sabe de verdad, Carlos Salvador Bilardo, prácticamente lo echó. "Le pedí una última oportunidad a Bilardo. Aunque fueran diez minutos, para demostrar que podía ser titular. No me la dio y me fui dolido. Estuve doce años en Boca y me llevé más tristeza que felicidad, pese a aquel gol que le hice a San Martín de Tucumán. El cartel vale mucho y haber convertido un gol para Voka no tiene validez si no jugás bien". Con esta frase, Benetti comenzaba a despertar poco a poco de su sueño.
Pero su final en la bosta tenía que ser oscuro como él. El diario Clarín decía algo así: "Antiguos resentimientos quedaron expuestos ayer en la práctica de Boca. Los suplentes enfrentaban a la reserva en un partido caliente, con insultos incluidos, que culminó con la pelea entre Claudio Benetti y Nelson Vivas." El volante ya venía caliente y tiró una frase que demuestra que ya no tenían ni un gramo de respeto por él: "Me tienen relegado en Parque Sarmiento y no voy a dejar que encima nos maten a patadas. Estos que acá te pegan, después arrugan en la cancha", exclamó Benetti luego de golpear a Vivas.
Para colmo en el picado jugaba el futbolista frustrado y dueño de la pelota Mauricio Macri.
El diario detalló el pleito: Todo se precipitó cuando Vivas le entró con las dos piernas en plancha a Leonardo Luppino (otro fracasado que integrará ésta sección). El pibe zafó saltando, pero Benetti le devolvió el planchazo a Vivas, quien lo insultó. Benetti le tiró un manotazo y rápidamente los separaron, mientras Bilardo hizo seguir el partido. El ambiente se calmó, aunque Benetti le recriminó la actitud al técnico de la reserva Francisco Pancho Sá señalando: "Dice que lo hago quedar mal, mientras nosotros nos bancamos las patadas". Además cuando José Luis Brown, ayudante de campo de Bilardo, se acercó a dialogar, Benetti le contestó: "Yo sé que estoy trabajando para ustedes, pero no voy a dejar que me forréen". Después se amenazaron Benetti y Vivas con encontrarse nuevamente fuera de la cancha, pero no lo concretaron. El doctor Jorge Batista se llevó al volante cordobés antes que el partido terminara, y Vivas le restó importancia al episodio. "De eso no quiero hablar, ya pasó. Fue una calentura del momento", dijo. Uno de los testigos ocasionales fue el propio Mauricio Macri, aunque declaró: "No vi nada", en tanto Bilardo manifestó que "si bien siempre hay algunos roces, no es normal que esto pase. Lo mejor será ir rotando a los jugadores que vienen a colaborar con nosotros". La última frase denigra aun más al cordobés que se fue muy caliente de la bosta.
A pesar de su bronca, quedaría un sueño por cumplir: el de jugar en el club del cual es hincha "desde que tengo uso de razón", como le contaba a Clarín: Belgrano de Córdoba.
Su paso fue de regular a penoso, donde jugó 15 partidos, y convirtió apenas 2 goles.
Tan mala debe haber sido su incursión por el celeste, que recayó en Universitario de Córdoba, para jugar la liga local. Por ese entonces, y ya con 26 años, decía "...la plata que gano me alcanza para vivir dignamente y no estoy en condiciones de exigir nada en una futura contratación porque empecé de nuevo. Me siento agradecido con Manuel Marco, quien me ofreció jugar en Universitario cuando no tenía ofertas". La imagen de la desidia.
Pero la historia tomo nuevamente un poquito de color, y en un amague, casi resucita. Un retorno al fútbol grande de la Argentina, aunque en la B Nacional, parecía la vuelta de Benetti, pero fue errada. Esta vez su víctima fue Nueva Chicago en la temporada 97/98, donde jugó 15 partidos y convirtió 3 goles. Fue la típica contratación de un "nombre", y su pequeña historia a cuestas. Y en "Mataderos" se dieron cuenta y le pegaron una patada en el orto.
El fondo de su carrera tal vez llegó en 1998. Dos años después de la búsqueda de jugadores libres que realizó Carlos Timoteo Griguol, Oscar López Y Oscar Cavallero, a cargo del problemático Huracán copiaron al cordobés, y en la travesía se presentaron 90 deportistas. Y ¿a que no saben qué? ¡Si!. El caradura se presentó... y obviamente, no quedó.
En su carrera figuran algunos clubes de los cuales prácticamente no se encuentran registros, como Alvarado de Mar Del Plata (otro típico refuerzo vende humo), Deportes Temuco, Estudiantes de Río Cuarto, Mariano Melgar y Dallas Burn.
En el año 2002, con 32 años y ya cansado de fracasos, Benetti decidió probar suerte en el competitivo Huracán de San Rafael, ya que en el de Parque Patricios no lo querían ni de barra brava. Pero la suerte le fue esquiva en toda su carrera, y los problemas los persiguieron. Parecía que el club estaba totalmente en banca rota y los conflictos eran moneda corriente. Los sponsors no llegaban y nadie quería hacerse cargo de la institución. Encima, parece que Benetti se acostumbró a jugar gratis, ya que por ese entonces no se le estaba pagando el sueldo ni a los jugadores, ni al cuerpo técnico. Sin embargo el plantel entrenaba, pero sin los cinco refuerzos: Jairo Guzzo, Aldo Soria, Daniel Dierna, Sergio Cornejo...y Claudio Benetti.
En marzo de ese año, una nueva decepción marco la vida del cordobés. El equipo sanrafaelino, que viste azul y amarillo en su camiseta (un asco), luego de diez años en el Torneo Argentino "A", descendió, como no podía ser de otra manera, con Benetti en su plantel. Huracán, a pesar del descenso, ganó 2 a 1 a la CAI, con un gol de penal de nuestro personaje. Quienes estuvieron dicen que el ya veterano pudo destacarse. El drama de la historia es que sólo concurrieron 150 personas.
Ya retirado, a Benetti le quedaron unos cartuchos soñadores por cumplir y se dio un gustazo. Se realizaba un cotejo amistoso frente a los veteranos de Argentinos Juniors, en "La bostanera", pero para preservar el césped, y que los caballos que iban a jugar no lo coman, se jugó en Casa Amarilla. El resultado fue 8 a 1, y nuestro héroe no sólo estuvo presente, sino que ¡convirtió tres goles!. Y el sueño cumplido por el grasa cordobés fue jugar con Maradroga.
Hay otro registro de otro encuentro Benetti-Maradroga el jueves 11 de noviembre de 2005, en un preliminar de Voka 4 - Internacional (Porto Alegre) 1 por la Sudamericana, donde Claudio declaró: "Estar al lado de Maradona es la emoción más grande que viví desde que juego al fútbol". Nuevamente demostró que sus años de actividad no sirvieron de nada.
Para finalizar, Claudio Benetti le dijo alguna vez a Clarín “…estoy orgulloso que me digan Negro", que se considera un "desaparecido en acción", también dijo "sé cuales son las reglas de juego y las acepto. Yo quiero que sepan que sigo vivo..." y como último tiró "aquel gol ya es parte del buen recuerdo y de la inexorable estadística", frase ideal para cerrar este triste capítulo de un jugador que siempre vivió del recuerdo, y que lo único que hizo en su carrera fue, un gol a San Martín de Tucumán.